Me levanto, me pongo a los pies de la cama y paso los dedos por su cintura, marcando cada curva de su cuerpo.
—Levanta las caderas para mí.
Ella hace lo que le digo, y se inclina hacia mí. Incluso a través de la oscuridad, veo relucir los delicados labios de su vagina desde aquí.
—Es tan bonito —suspiro cuando la alcanzo con los dedos y trazo círculos alrededor del clítoris, lo que hace que se retuerza bajo mi simple roce.
Quiero devorarla, joder. Quiero enterrar la cara tan profundamen