Ella me grita en la palma, con los ojos cerrados mientras la embisto. Si pelo rubio ondula entre nosotros con cada embestida haciendo que yo pierda la cabeza gracias al olor a melocotón imoregnado en él.
—Te gusta esto —afirmo, porque ni siquiera necesito preguntar.
Ella asiente repetidamente con la cabeza, silenciada por mi mano.
Una y otra vez, la penetro de espaldas a un ritmo constante, lo que hace que note un cosquilleo en las pelotas. Mantengo los labios en el oído de Stacy, susurrán