El coche avanzaba en silencio por las calles de la ciudad. En el asiento trasero, Lily tenía las manos apoyadas sobre su bolso. El pequeño auricular que Luca le había dado estaba bien colocado en su oreja.
Sabía que él estaba escuchando.
Suspiró, pensando en la decisión que había tomado.
—Espero que valga la pena —murmuró.
Fuera, las luces brillantes de la ciudad pasaban por las ventanas tintadas.
En la mansión de Luca, él se encontraba en una gran sala de monitoreo junto a Nico y otros hombres