—No podemos dejar que se salga con la suya —susurró una de las criadas—. Tiene que recibir una lección.
—No —respondió otra, observando cómo Lily pasaba—. Eso solo nos traerá problemas. Dejémosla… por ahora.
Lily estaba de pie junto a la ventana, disfrutando de la suave brisa que acariciaba su piel. Se inclinó ligeramente hacia adelante, entrecerrando los ojos al notar una figura extraña afuera. Frunció el ceño antes de poder mirar más de cerca.
¡Bang! La puerta se abrió de golpe.
Lily dio un s