Con esos aires de grandeza que solo a él lo podían caracterizar, la sonrisa más coqueta con la que siempre saludaba a cual fuera la mujer que se le pasara por delante, Elijah de la Fuente acababa de llegar a la empresa.
—Buenos días, señor —saludó su secretario yendo detrás de él con pluma y agenda para comenzar a hacerle saber todo lo que él tenía que hacer para ese día junto con las cosas que ella tenía que hacer para él en ese nuevo día.
—¿Qué tenemos para hoy?
—Hoy tenemos dos juntas, tien