Sentado en la comodidad de su asiento, Stefan pensaba el paso a paso de su venganza. La misma que llevaría a cabo al mismo tiempo que pensaba llevar otra. Estaba completamente seguro de todo lo que iba a hacer y era culpa suya por no haber dejado que el odio y el dolor que había sentido desde que su prometida murió tomara control completo de su vida.
Desde el momento en que María Fernanda llegó a él con esos aires de grandeza, creyéndose única porque en la vida nadie le había faltado al respeto