Con el corazón subiendo y bajando, sintiendo que se le salía el alma del cuerpo, las lágrimas que no paraban de correr y la mente llena de recuerdos y pensamientos que no podía manejar todos al mismo tiempo, María Fernanda, con una mano en el pecho, intentaba serenarse.
¿Cómo era posible que el señor, a quien ella había invitado a pasar amablemente, pensara que ella podría digerir de una vez toda la información que le había dado durante los últimos 30 minutos? Era demasiado para ella. El hombre