El sonido insistente del teléfono vibrando sobre la mesa de noche fue lo primero que escuchó Leonardo aquella mañana. Apenas había logrado dormir unas pocas horas. La tormenta en su cabeza no le había dado descanso.
Camila.
El nombre apareció en la pantalla de su celular. Otra vez.
Leonardo cerró los ojos con fastidio antes de apagar la llamada sin siquiera molestarse en responder. No tenía cabeza para ella, no después de la noche infernal que había pasado.
Cuando abrió los ojos y se levantó de