Leonardo cerró la puerta de su habitación con más fuerza de la necesaria. Su respiración estaba agitada, y sus manos se cerraron en puños a los costados. ¿Qué diablos le pasaba?
Isabela había dejado claro que quería su libertad, que el divorcio era su meta. ¿No era lo que él también quería?
Se pasó una mano por el cabello con frustración. La idea de verla con otro, de imaginarla sonriendo para alguien más, de que Alejandro Altamirano la tocara…
Maldición.
Un escalofrío recorrió su cuerpo, pero