Leonardo Arriaga empujó las puertas del bar con una fuerza que reflejaba su estado de ánimo. Estaba perdido en un torbellino de emociones que no lograba controlar: el enojo con Camila, su incapacidad para alejarse de Isabela, y una confusión constante que le impedía pensar con claridad.
Se dirigió directamente al barman y pidió un whisky doble. No era la primera vez que se refugiaba en el alcohol, pero esta noche la sensación era diferente. Bebió con rapidez, casi desesperación, como si el líq