El sol comenzaba a brillar con fuerza sobre la ciudad cuando Camila ingresó al imponente edificio Arriaga Enterprises. Caminaba con paso firme, su elegante vestido negro ajustado y tacones resonando sobre el mármol pulido del vestíbulo. Había salido temprano de la Mansión Arriaga con una sola misión en mente: encontrarse con Leonardo.
Al llegar al nivel ejecutivo, los empleados desviaban la mirada, incómodos con su presencia. Camila no era conocida por su amabilidad, y su expresión de impacien