La noche había sido larga y llena de compromisos para Isabela. Su presencia en varios eventos seguía siendo bien recibida, y aunque Leonardo no lo quería admitir, su esposa se estaba ganando la admiración y el respeto de muchas personas. En cada reunión, Isabela brillaba con su actitud serena, su sonrisa genuina y su capacidad para conectar con los demás. No era solo su belleza, sino también su inocencia y bondad, lo que la hacía destacar. Sin embargo, dentro de la mansión Arriaga, las tensione