La mansión Arriaga estaba silenciosa en la oscuridad de la noche. La luz tenue que iluminaba el despacho de Leonardo reflejaba un ambiente sombrío, cargado de pensamientos confusos y emociones que se debatían en su interior. Se encontraba sentado tras su escritorio, los codos apoyados en la superficie de madera maciza, la mirada perdida en el vacío. En sus manos, sostenía un vaso de cristal, el cual giraba lentamente, observando el líquido dorado que se movía con el vaivén de sus dedos. El whis