La mansión Arriaga, habitada por el silencio de la noche, parecía más grande que nunca. Leonardo se encontraba solo en su despacho, donde el aire estaba cargado de una tensión que no podía disiparse. Había tomado una decisión, una que lo haría alejarse de todo lo que lo estaba perturbando, de todo lo que lo mantenía atrapado en una espiral de dudas y emociones que no lograba controlar.
A través de la ventana, miraba la ciudad iluminada a lo lejos, pero su mente estaba lejos de todo eso. No podí