Leonardo Arriaga nunca había sido un hombre paciente. Siempre había obtenido lo que quería con solo extender la mano, pero esta vez… esta vez era diferente.
Después de semanas de búsqueda, finalmente había dado con ella.
Isabela estaba en un pequeño país lleno de cultura y paisajes mágicos. La encontró en una plaza central, rodeada de colores vibrantes y la calidez de la gente local. Llevaba un vestido azul claro, y el sol resaltaba la suavidad de su piel.
Pero lo que realmente lo impactó f