El sol comenzaba a ponerse en el horizonte, tiñendo el cielo de naranja y rojo. En la mansión de los Arriaga, la paz que había reinado en los últimos días parecía inquebrantable. Leonardo e Isabela, junto a su pequeño Leandro, disfrutaban de la calma y el amor que solo podía brindar un hogar lleno de familia. Sin embargo, fuera de las paredes de su mansión, las sombras del pasado comenzaban a acercarse nuevamente.
En una oficina oscura y fría, Alejandro Altamirano revisaba una carpeta de info