El sonido del lápiz golpeando el escritorio resonó en la lujosa oficina de Leonardo Arriaga. Con la mirada fija en los documentos legales frente a él, el hombre mantenía una expresión impenetrable, pero su mente estaba en caos.
"Divorcio."
Esa palabra no dejaba de resonar en su cabeza desde aquella mañana cuando Isabela lo había mirado a los ojos y, con la voz firme, había exigido su libertad.
—Es un error —murmuró para sí mismo, tomando un sorbo de su café negro.
A pesar de su orgullo y