Cuando Aaron se apartó de mí, se tumbó boca arriba a mi lado en la cama, me quedé mirando sus preciosos ojos, sin poder creerme que ya éramos marido y mujer, que Aaron era ya mi esposo, sintiendo lo feliz que soy con él mientras mi marido me acuna entre sus brazos, descansando a su lado con mi cuerpo desnudo, latiendo todo mi sexo todavía por el placer que me habia dado, besandome Aaron con ternura, perdiendome yo en sus calidos besos y en sus abrazos.
— ¿Cómo te encuentras? — me preguntó Aaron