Sofía no dijo una palabra el resto del día.
Después de su accidentado encuentro con Naven en la sala, regresó al departamento como si huyera de un incendio. Cerró la puerta, se quitó los zapatos con torpeza y dejó a Eros sobre la alfombra, donde el gatito se estiró feliz, sin la menor idea de la tormenta emocional que su dueña vivía.
Se dejó caer en la cama como una marioneta rota. Se tapó el rostro con ambas manos y soltó un suspiro largo, ahogado, como si intentara liberar todo el calor que a