Después de una hora la pequeña mujer toma la decisión de salir afuera. El jardín lucía silencioso a esa hora del día. Las sombras de las enredaderas cubrían los senderos con trazos difusos, como si el sol no pudiera decidirse entre esconderse o asomarse por completo. Sofía caminaba descalza sobre el césped, buscando en el frescor algo que le aclarara el alma. Ares se quedó dentro del departamento, quizá intuyendo que ella necesitaba estar sola.
Su mente no encontraba descanso. Las palabras de G