La reunión se desarrollaba en la sala principal de la torre Fort, al nivel más alto del edificio. El cristal reflejaba un cielo impoluto, pero en el interior, la atmósfera era tensa.
Naven Fort estaba en la cabecera de la mesa, traje gris oscuro, postura firme, mirada clavada en los documentos. Pero sus dedos temblaban.
—Si unificamos las inversiones en los polos rusos —comentaba uno de los ejecutivos—, podríamos aumentar la rentabilidad para el primer trimestre del año próximo.
Las voces eran