Las agujas del reloj avanzaban con una calma engañosa en la Residencia Fort. El sol había alcanzado su punto más alto y bañaba con su luz dorada cada rincón de los jardines, como si el universo quisiera bendecir el día con una promesa silenciosa.
Sofía se encontraba en su vestidor. Frente a ella, sobre la cama, descansaban tres posibles vestidos. Todos eran elegantes, pero su corazón la guiaba hacia uno en particular: un diseño en tono esmeralda oscuro, con escote en la espalda y un delicado b