—Creí que nunca saldrías.
—También lo pensé—contesté con un hilo de voz.
Me había cambiado tan rápidamente, desesperada por salir de ese lugar y que el torrente de mis pensamientos se detuviera.
Opté por un flojo vestido celeste y deportivas blancas, hice un intento mediocre por copiar el peinado de ayer, aunque no quedó como esperaba fue soportable.
Cuando pude, arrastré a Gabriel lejos de la casa, ahora recorríamos el largo campo de lavandas.
—En realidad no es aquí donde quiero llevarte