Desde la ducha escuchaba el timbre que anunciaba la llegada de los invitados, los vecinos y sus hijos un poco mayores que Dony, Alfonsina y el dueño de la tienda de la esquina, el señor Flavio.
Escuché como la música comenzó a sonar y los gritos de los niños que empezaban a cantar, al parecer todos ya habían llegado.
Me embroqué el lindo vestido midi rojo a rayas blancas.
Desde que Dony nació mi cuerpo ahora es diferente, es como si la segunda pubertad me hubiese arrollado de nuevo, bueno, el e