Aidoneo me miraba fijamente, delineando mi rostro con sus pulgares, sin perderse cada uno de mis detalles.
—Has cambiado —sonrió lastimado.
Me costaba respirar.
—Solo bésame por favor —supliqué.
Soltó una risita lastimera y se acercó lo suficiente, midiendo la proximidad de sus labios, cuando sucedió, me perdí en el más sublime momento, cuatro años no bastaban para borrar la memoria de sus labios en los míos.
Cuatro años de sufrimiento fueron borrados cuando Aidoneo me sostuvo en sus brazos, cu