Me sentí un poco mal cuando le ordené al grandote sentarse en la parte trasera de la limo, mientras me entretenía colocando música en el transcurso del camino a la escuela.
Bajé del auto dándome palmaditas mentales en la espalda para tranquilizarme por aquella discusión.
Aunque se disipó totalmente cuando entrando a la escuela, los chicos me recibían con ovaciones, todo mundo me saludaba y elogiaba la gran fiesta, así que me regodee de lo lindo hasta llegar a la primera clase.
Las chicas tambié