—No estaba segura de si recordarías el cisne. Me alegra ver que mi hija no ha desaparecido por completo.
—¿Qué haces aquí? —pregunto, con un tono defensivo que sé que él nota. Sin embargo, su sonrisa no se borra ni un segundo.
—Seguro que eres lo bastante lista como para saberlo.
—La verdad es que no —respondo, intentando ignorar el remolino nauseabundo que me revuelve el estómago por su cumplido envenenado.
—Tengo que admitirlo: el nuevo nombre, el nuevo pelo… te quedan bien. No tenía ni idea