Enredada. Cálida. Acurrucada.
Esas son las tres primeras sensaciones que registro cuando abro los ojos a la mañana siguiente. Luego el olor de David me golpea y de pronto recuerdo todo lo que pasó en las últimas veinticuatro horas.
David está envuelto a mi alrededor, encerrándome contra su cuerpo de una forma protectora que me hace sentir segura. Sus ojos todavía están cerrados, su pecho subiendo y bajando con respiraciones constantes, y paso unos segundos simplemente admirando lo pacífico que