Valentina
El nuevo teléfono, comprado con su dinero, es un bloque de plástico pesado en mi bolsillo. Un número de prepago, anónimo. Una línea de vida. O una línea de frente.
No he llamado.
El cartón arde contra mi muslo, pero me resisto. Cada hora que pasa sin que llamen a la puerta es una victoria minúscula, un aliento más para preparar mi contraataque. He cambiado la cerradura. He escondido el dinero en una lata de conserva vacía, al fondo del armario de las escobas, detrás de los productos d