Mundo de ficçãoIniciar sessãoValentina
El alba apunta, sucia y gris, a través de las rendijas de las contraventanas. No he dormido. El dinero sigue allí, esparcido sobre el linóleo. La cartulina blanca, con su número grabado, parece brillar con luz propia en la penumbra.
—Hay que recogerlo.
La voz de mi madre es ronca, agotada. Está sentada al borde de mi cama, los brazos apretados alrededor de su cuerpo.
—No podemos dejarlo ah&iacut







