Mundo de ficçãoIniciar sessãoDiego
Sin mirarla, paso a Fernanda. El cuero muerde la línea de sus omóplatos, y esta vez no contengo mi fuerza. El chasquido es más fuerte, más seco, y ella se arquea como si le hubieran clavado una hoja en la espalda.
—¡Joder!
Sus dedos resbalan sobre la madera, buscando desesperadamente un agarre, su grupa estremeciéndose como una invitación silenciosa.
—Más… más, se l







