Valentina
—No encontrarás nada —escupo—. Porque no hay nada que encontrar. No puedes comprarlo todo, Diego.
Él sonríe, una sonrisa de tiburón.
—¿Cuánto?
La palabra es lanzada, simple, directa, obscena.
—¿Qué?
—¿Cuánto quieres? Por una noche. Por entregarte a mí. Por cesar esta comedia de desinterés y admitir lo que pasa entre nosotros. Nombra tu precio.
Hay un desafío nuevo en sus ojos ahora. El de creer que por fin ha tocado el fondo de mi ser, que me ha reducido a una cifra.
Es demasiado.
La