Valentina
El tequila corre por mi garganta, un fuego líquido que no logra calentar el frío que se ha apoderado de mí. Su mirada es un peso físico sobre mi piel, una exploración lenta y deliberada que me deja desnuda, vulnerable, a pesar de mis resoluciones. Cada segundo en esta mesa es una eternidad. Interpreto un papel, el de la chica valiente, pero el espanto está ahí, agazapado, listo para cerrar sus mandíbulas sobre mi fingida audacia.
Él levanta su vaso, lo observa, lo hace girar lentament