Horas más tarde, entrada la noche, la mansión Volkov permanece sumergida en una penumbra pesada y asfixiante. Valeria camina por el vestíbulo principal llevando una taza de té entre las manos, dirigiéndose hacia la biblioteca central. Al pasar cerca del estudio de Adrián, la puerta se abre de golpe y su madre sale al pasillo con el rostro desencajado por la frustración y el miedo.
–¡Es imposible hablar con ese hombre! –exclama la madre de Valeria en un susurro violento, sujetando a su hija del