Adrián se queda completamente inmóvil en medio del despacho, contemplando a Valeria con los ojos clavados en su rostro mientras su mente se debate en un infierno interno sobre si decirle la verdad o mantener el secreto que amenaza con destruirlos a ambos, pero al final desvía la mirada hacia la ventana.
–No sucede absolutamente nada, carajo, son solo asuntos míos que debo resolver por mi cuenta, Valeria –responde el ruso con una voz seca, levantando una barrera de hielo para ocultar el pánico