–Es una locura lo que estás haciendo, Valeria, estás jugando con fuego dentro de la guarida del lobo y me aterra pensar qué pasará si ese maldito paranoico se da cuenta de que estás usando su propio ego para cavar su tumba legal –dice Richard, apretando sus manos con una mezcla de orgullo y terror absoluto mientras la mira fijamente a los ojos en la penumbra de la alacena. – Bruno D’agostino ya me confirmó que hablaste con él desde el baño y que estás dispuesta a entregar los números de chasis