–¿Qué carajos hiciste, Valeria? –pregunta su hermano, con la mandíbula desencajada y los ojos inyectados en un asombro violento.
–No quiero hablar. Madre, dile a mi hermano dónde dormirá esta noche –consigue articular ella, pero la voz se le quiebra en un hilo frágil, aplastada por las lágrimas que amenazan con desbordarla. – Porque por lo visto mañana tendremos que irnos.
–Hija… –interviene la madre, dando un paso vacilante hacia ella con las manos extendidas, buscando recomponer las ruinas