–Dilo de una puta vez, Valeria! –exige Adrián con la voz absolutamente ronca, devorándole el cuello a besos voraces mientras la prensa contra la pared contigua antes de avanzar a paso firme hacia la cama matrimonial. – ¡Dime que este maldito cuerpo le pertenece a un solo hombre en este planeta y que no vas a dejar que ningún otro idiota ponga sus manos sobre lo que es mío!
–Este cuerpo siempre ha sido tuyo, maldito terco de mierda –responde Valeria entre jadeos entrecortados, clavándole las uña