Narra Valeria
El silencio que reina en la casa no me transmite paz, sino una vulnerabilidad asfixiante que se me mete bajo la piel y me obliga a actuar con la desesperación de un animal acorralado. Aprovechando que no hay absolutamente nadie vigilando mis pasos en este preciso instante, me deslizo con cautela hacia el interior del baño principal, cerrando la puerta con pestillo y apoyando la espalda contra la fría superficie de madera mientras intento normalizar mi respiración entrecortada.
Mi