La mañana se despliega con una frialdad metálica sobre la mansión Volkov, donde el aire todavía vibra con los ecos del encuentro carnal y violento de la noche anterior, un recordatorio palpable de la guerra de voluntades que se libra entre esas paredes de mármol. Valeria se despierta con el cuerpo adolorido y la marca de los dedos de Adrián grabada en su piel como un recordatorio de su estatus de propiedad, pero lejos de sentirse derrotada, una furia gélida y calculadora comienza a cristalizars