El fogonazo del arma de Adrián ilumina las columnas destrozadas por millonésima vez en esta noche maldita, de modo que el proyectil impacta de lleno en la pierna de Richard y provoca que este suelte un grito desgarrador. El alarido rebota contra las paredes de la mansión en un eco preñado de agonía pura, configurando un lamento salvaje que altera los latidos de cualquiera que lo escuche; sin embargo, en Adrián, aquel sonido solo provoca una satisfacción fría y animal. Al ver a su enemigo jurado