La tarde se consume en un torbellino de preparativos donde Valeria se siente como una muñeca de porcelana siendo manipulada por manos expertas pero frías. En la mansión, una habitación inmensa y opulenta ha sido preparada para ella, llena de ropa de diseñador y joyas que cuestan más que su antigua casa, pero ella no puede ver más que las cámaras de seguridad que vigilan cada rincón y los guardias que custodian los pasillos.
Cuando llega el momento de prepararse para la cena, Valeria se queda m