Fruncí el ceño, confundida por el tono de Sara.
—¿A qué te refieres?
Antes de que ella pudiera responder, el aire en la habitación cambió, como si algo invisible hubiese decidido que aquel no era mi momento para recibir respuestas. Fue entonces cuando, con la seguridad despreocupada que parecía definirlo, Lucas decidió despojarse de su camisa.
Me quedé inmóvil, observando con incredulidad cómo el tejido oscuro desaparecía de su torso, dejando a la vista la ajustada musculosa blanca que había ll