—Lo siento, de verdad —dije, con las palabras brotando de mi corazón—. No quise preocuparte. A veces, las cosas se me escapan de las manos y no sé cómo manejarlo.
Observé cómo sus ojos, antes llenos de frustración, ahora buscaban comprenderme. Era un pequeño paso, pero en ese momento significaba mucho.
—¿Me estás diciendo que ni siquiera sabes qué sucedió? —preguntó Carla, arqueando una ceja y sosteniendo su mirada sobre mí con incredulidad. Su tono era agudo, una mezcla justa de desconcierto y