Tras pasar un día entero con mi ahora mejor amiga, regresé a la residencia bajo la luz tenue de la noche, deseando fervientemente que Carla estuviera en la habitación para poder conversar.
Al abrir la puerta, me encontré con una oscuridad absoluta. Con un movimiento rápido, encendí la linterna de mi celular y la dirigí hacia la lámpara de la mesita de noche. Al instante, la luz reveló la figura de una pelirroja en pijama, profundamente dormida. Su rostro sereno, bañado en el suave resplandor, e