DÉCIMO PRIMER CAPÍTULO
Las puertas del salón del trono se abrieron lentamente, arrastrando su peso como si cada bisagra cargara con siglos de historia congelada. Al interior, la penumbra era más espesa, como si los vitrales ennegrecidos por el hollín y el tiempo solo permitieran el paso a una fracción de la luz del sol. El trono se alzaba al fondo como una pieza esculpida en hielo antiguo, ennegrecido por el polvo de muchas generaciones, elevado por escalones de obsidiana que se fundían con el suelo como raíces que se