Los guardias hicieron una reverencia ante el príncipe Vaedrik y su primo Kaelion, el cual era su acompañante en aquella inusual mañana. Ambos cruzaron el enorme portón de hierro forjado que daba paso al interior del pueblo de Valatharys, un lugar vibrante, lleno de vida, con callejuelas empedradas que serpenteaban entre casas de piedra adornadas con balcones de hierro y banderas que ondeaban con orgullo los colores del reino. El sonido del mercado era una sinfonía de voces, pasos y animales que