Los días en el castillo comenzaron a formar un patrón extraño. Artemis descubrió que Zubek no dormía cuando ella dormía. En cambio, se quedaba despierto toda la noche, vigilándola desde su nido en la biblioteca o desde las sombras de su habitación si ella insistía en usar su propia cama. Solo cuando llegaba el amanecer, él permitía que sus ojos se cerraran, confiando en que la luz del día la mantendría a salvo.
Era agotador solo de presenciar.
—No puedes seguir así —le dijo Artemis en la tercer