El celo había convertido el tiempo en algo fluido, sin sentido.
Artemis no sabía si era de día o de noche y la verdad es que no le importaba. Todo lo que existía era Ragnar. Sus manos en su piel, su boca trazando caminos de fuego por su cuerpo, su longitud hundiéndose en ella una y otra y otra vez hasta que no podía distinguir dónde terminaba ella y dónde comenzaba él.
No habían dejado la cama desde hacía horas. ¿O días? El tiempo no tenía significado.
Ahora estaba presionada contra la pared, s