83. EL ENGAÑO
DUNCAN
La estupidez es ruidosa. Siempre lo ha sido. Como un zumbido persistente en el oído de quien no tiene tiempo para la mediocridad.
—Eres patético. No has hecho más que perder, ¿dónde está lo que nos prometiste? —grita Rolando, escupiendo veneno en cada palabra.
Lo observo, al principio con aburrimiento. Es un espectáculo patético. Su desesperación lo hace más feo, más vulgar. Me pregunto si alguna vez fue un lobo digno. Quizá no. Quizá siempre fue solo un perro hambriento, esperando que a